viernes, 21 de octubre de 2011

ÉRASE UNA VEZ UN BARCO, el más reciente film de Alfredo Anzola.

Un Barco que se hace al Mar
22 de mayo 2011
Indiana Galindo - El Sol de Margarita

La carpintería de ribera es el tema más reciente del documental de Alfredo Anzola y Emilio Lovera


"Un barco es algo lírico, es un poema"
Cinco años de arduo trabajo se llevó terminar el más reciente documental de Alfredo Anzola. "Érase una vez... un Barco" es un tributo a la labor de amor que constituye la carpintería de ribera, así como revela las historias e incidencias ocultas detrás de este arte ancestral.

Más de cien horas de grabación se necesitaron para responder una simple pregunta: ¿Cómo se construye un barco?, pero no cualquier barco, sino uno de esos que llenan de color y vida las costas venezolanas.

Mientras la fibra de vidrio y los materiales sintéticos se adueñan de los astilleros del mundo, aquí la madera sigue reinando. Durante el rodaje de su último documental, "Érase una vez... un barco", Alfredo Anzola descubrió que, contrario a lo que creía, la carpintería de ribera está lejos de extinguirse.

"Haciendo esto descubrí que en mi país hay gente haciendo cosas hermosas, con una calidad impresionante, esos son los carpinteros de ribera", contó Anzola con el asombro todavía a flor de piel.

Tan difícil como hacer un barco, es rodar una película y eso lo sabe bien. Cinco años le tomó hacer realidad este proyecto, uno completo se necesitó para reducir esas cien horas de material grabado a la hora y media que exigía el formato final.

Sin embargo, el esperado momento llegó y quienes participaron en esta aventura, pudieron observar el resultado durante el pre-estreno del documental en una función privada en el Museo Marino de Boca de Río. Allí se encontraban los protagonistas de esta historia; hombres como el señor Lucio Marín, nativo de Boca de Río, que a sus ochenta y cuatro años aún hace barcos de madera, como lo aprendió más de cincuenta años atrás.

Junto a él, otras generaciones de carpinteros confirmaron la tesis del director venezolano; la cadena generacional de este oficio está lejos de interrumpirse. Los planos no existen y los cálculos se transmiten de mayores a jóvenes, como las historias de tradición oral.

Anzola halló un cómplice para esta aventura: Emilio Lovera. Ambos compartieron su pasión por la carpintería y la navegación, forjaron su amistad al calor del sol oriental. El humorista también se sorprendió al descubrir las historias de estos ingenieros de tradición. "Estos barcos son algo verdaderamente de nosotros, no es que se traen las piezas de Taiwán y las ensamblan aquí, sino que todo comienza en nuestro suelo, desde nuestros propios árboles."

El director se mostró satisfecho. La proyección terminó y sus protagonistas están felices con el resultado. Ese - dice - es su mejor jurado, el único que importa a fin de cuentas.

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